sábado, 9 de enero de 2010

HOMO ERECTUS


El Homo erectus es un homínido extinto, que vivió entre 1,8 millones de años y 300.000 años antes del presente (Pleistoceno inferior y medio). Los H. erectus clásicos habitaron en Asia oriental (China, Indonesia). En África, se han hallado restos fósiles afines que con frecuencia se incluyen en otra especie, Homo ergaster; también en Europa, diversos restos fósiles han sido clasificados como H. erectus, aunque la tendencia actual es a reservar el nombre H. erectus para los fósiles asiáticos.

Era muy robusto y tenía una talla elevada, casi 1,80 m de medida. El volumen craneal era muy variable, entre 800 y 1200 cc (la media fue aumentando a lo largo de su dilatada historia). Poseía un marcado toro supraorbitario y una fuerte mandíbula sin mentón, pero de dientes relativamente pequeños. Presentaba un mayor dimorfismo sexual que en el hombre moderno.

La industria lítica que producía pertenece principalmente al Achelense y probablemente conocía el uso del fuego.

HOMO HABILIS


Homo habilis (‘hombre hábil’), primate extinto que pertenece a la subfamilia de los Homininos, grupo que incluye a los seres humanos. Los científicos creen que esta especie vivió en África hace 2 y 1,5 millones de años.

El Homo habilis es el miembro más antiguo conocido del género Homo, rama de los homininos que se cree engloba al género humano (véase Evolución humana). El primer fósil de Homo habilis fue descubierto en 1960 por el paleoantropólogo británico Louis Leakey en la garganta de Olduvai, norte de Tanzania. Leakey descubrió la mandíbula, parietales, clavícula y otros huesos del que proclamó como primer miembro del género humano y primer fabricante y usuario de herramientas, objetos que descubrió también en Olduvai. Sin embargo, no todos los científicos están de acuerdo con esta teoría, aunque es probable que esta especie represente la transición evolutiva entre los Australopithecus y los posteriores homininos.

El Homo habilis presenta una capacidad craneana (véase Cráneo) mayor que la de los australopitecos, 600 cm3 frente a 500 cm3, la mandíbula menos saliente y el cuerpo con apariencia menos simiesca: se asemeja más a los humanos al presentar un volumen corporal y unas extremidades más acordes con la altura. El Homo habilis era más alto que el australopiteco, aunque más bajo que el Homo erectus, especie posterior.

Recientemente se han descubierto nuevos fósiles en el norte de Kenia, Sudáfrica y Malawi. Debido a que presentan una capacidad craneal mayor que el Homo habilis (casi 800 cm3), hoy las investigaciones y debates se centran en resolver quién fue el verdadero antecesor del Homo erectus.

EDAD DE LOS METALES


El Neolítico fue una época económicamente importante, pues no solamente se llevó a cabo un proceso de sedentarización e integración con la Naturaleza, sino también por la aparición de la metalurgia. Es cierto que existe una época a la que conocemos con el nombre de Edad de los Metales, pero las primeras utilizaciones de las pepitas de oro y del uso del cobre llegaron con el Neolítico.

Anzuelos, agujas o las hojas de los cuchillos ya eran elaborados en esta época. El oro era más valorado como objeto de adorno, mientras que la utilización del cobre llevó a una profunda transformación que nos introdujo de lleno en la Edad del Cobre. La evolución natural en busca de un metal más duro y resistente fue la que llevó a estos hombres a alear metales, principalmente estaño, y entrar en la posterior Edad del Bronce. Fue esta especialización la que llevó a una economía mucho más avanzada. Se extendieron las tierras de cultivo, los pastos y la roturación de los suelos.

Edad de los Metales

La sedenterización y posteriomente la aparición de elementos metálicos de cultivo posibilitaron este importante avance. Mejoraron también las comunicaciones gracias a las ruedas con ejes metálicos; se modificaron los barcos al poderse utilizar clavos y material de agarre de un material más resistente, y, por supuesto, se elaboraron nuevas armas de guerra.

La especialización hizo que el metalúrgico fuera considerado como un “señor del metal“, quien dominaba las técnicas necesarias para transformar esos metales. Tanta fue su importancia, que en algunas tribus los asimilaban en categoría al chamán o al sacerdote, y es que el avance de la propia tribu estaba muy ligado al trabajo que este “señor” del metal podía realizar.

Se considera que fue en Turquía donde aparecieron por primera vez hacia el 6350 a.C. el uso del cobre y plomo. Sin embargo, fue en el VI milenio cuando se generalizó. En los dos siguientes milenios, el desarrollo de la metalurgia creció y se extendió a los valles del Tigris y Eufrates, y hacia Siria y Chipre. Ésta última, incluso, como su mismo nombre indica (Chipre viene del latín cyprium o del griego kypros -cobre-) se convirtió en una gran mina que podía explotarse.

Pero al mismo tiempo, también en otras zonas comenzaron a desarrollarse nuevas culturas que tenían como base económica la metalurgia, como la surgida en los Balcanes en el V milenio.

El gran paso final fue la aparición del hierro en el II milenio antes de nuestra era, inaugurando la que sería conocida como Edad del Hierro.

HOMBRES PREHISTORICOS

  • Esta es la cuestión de la hominización, incluida en el curriculum de Historia: Puesto que han dejado huellas de que son hombres, ¿cómo y cuándo llegan a serlo? Son ya hombres (varones y mujeres), porque son racionales, tienen ya inteligencia humana, lo que Aristóteles llamó alma, que no se la han dado a sí mismos los primates, aún animales, de los que procede probablemente su cuerpo, pero no su capacidad de conocer racionalmente y de ser conscientes de ello.

  • Esta alma racional la tiene el hombre, como se demuestra filosóficamente, porque Dios se la da a cada uno, lo mismo al primero que entonces pasó así de animal a animal racional, que hoy a todo hombre (varón o mujer) cuando es engendrado. Es una demostración filosófica, no teológica.



  • El genoma del chimpancé se ha demostrado en 2005 que es en un 99% igual al del hombre actual. Por consiguiente, el australopiteco difiere del primer hombre en menos todavía de ese 1% en su genoma. Esas diferencias entonces y hoy sólo explican la diferencia física entre el hombre y esos animales. Como la diferencia entre el hombre y el animal es inmensamente mayor que esa pequeña diferencia en el genoma, eso demuestra que lo intelectual, que es en lo que difieren, es inmaterial, como también está demostrado filosóficamente por otras vías, porque el alma racional y sus funciones intelectivas y volitivas son inmateriales. La existencia del alma humana y su creación por Dios se demuestran por la sola razón natural. Son temas de filosofía. Como la existencia de Dios y su demostración con la sola luz de la razón. La fe es otra cosa. "Este elengantísimo sistema de los planetas y cometas no pudos ser producido más que por y bajo la invención y el dominiode un Ser Inteligente y Poderoso" (Isaac Newton: Principia Mathematica, 2ª ed., escolio gen.)

  • EDAD CONTEMPORANEA

    La edad contemporánea es un periodo de la historia cuyo comienzo suele fijarse en 1789, año de inicio de la Revolución Francesa. Se considera que se prolonga hasta nuestros días, aunque últimamente se tiende a diferenciar la edad contemporánea de la historia reciente, a la que se llama historia del mundo actual.

    ¿Por qué se considera que en 1789 comenzó la edad contemporánea? Porque se entiende que en ese año se inició el final del Antiguo Régimen. ¿Y qué e
    ra el Antiguo Régimen? La forma de ejercer el poder que se dio en Europa desde el siglo XVI hasta la victoria de los revolucionarios franceses.

    El paso del Antiguo Régimen a la edad contemporánea se apreció en dos hechos: la aparición del capitalismo (sistema económico que se basa en el capital y en la intervención de los precios y los mercados), gracias, entre otras cosas, a la Revolución Industrial, y el ascenso de la burguesía (clase media-alta), por el triunfo del liberalismo.

    Al comienzo de la edad contemporánea fueron apareciendo los estados tal y como hoy los conocemos. Además, el capitalismo dominó poco a poco toda la economía mundial. Otras características importantes de la edad contemporánea fueron el crecimiento de la población y el avance de la ciencia y de la tecnología.

    EDAD MODERNA

    Edad moderna, periodo histórico que, según la tradición historiográfica europea y occidental, se enmarca entre la edad media y la edad contemporánea. La edad moderna, como convencionalismo historiográfico —así como las connotaciones del término moderno, utilizado por primera vez por el erudito alemán de finales del siglo XVII Cristophorus Cellarius—, responde en su origen a una concepción lineal y optimista de la historia y a una visión eurocentrista del mundo y del desarrollo histórico. A pesar de ser aceptada comúnmente en los medios académicos occidentales como marco referencial, será objeto de una amplia reflexión entre los historiadores a lo largo del siglo XX en torno a su amplitud y sus límites cronológicos, sus escenarios geográficos, su alcance semántico y los fundamentos de la modernidad, entre sus aspectos esenciales.



    El prisma eurocentrista desde el que se concibe la edad moderna es la consecuencia de la valoración que el pensamiento europeo-occidental ha hecho de unos procesos básicos y característicos de la cristiandad occidental a lo largo de un dilatado periodo de tiempo. En este sentido, la geografía de la modernidad estará delimitada por Europa, concretamente Europa occidental, y por la magnitud de la expansión de su civilización desde el inicio de los tiempos modernos.

    Pero la conceptualización del mundo moderno y sus límites espaciales y cronológicos son objeto de diferentes aproximaciones desde la propia h
    istoriografía de Europa occidental. La historiografía tradicional francesa, por su lado, considera que la edad moderna transcurre entre los siglos XVI y XVIII, situando sus comienzos en torno a la caída de Constantinopla en 1453, al descubrimiento de América en 1492 y al fenómeno cultural del renacimiento, en tanto que emplaza su final en el derrumbamiento de la vieja monarquía y el proceso revolucionario iniciado en 1789 (Revolución Francesa), con el que se iniciaba la contemporaneidad. En cambio, en la historiografía anglosajona el término ‘moderno’ hace referencia a un periodo más prolongado y móvil. En consecuencia, la duración de los tiempos modernos tradicionalmente se ha situado tras el renacimiento, hacia el año 1600, y su final tiende a prolongarse en el tiempo hasta el siglo XX. La delimitación de su ocaso puede variar según las diferentes historiografías, en virtud del propio ritmo histórico de cada pueblo: por ejemplo, en 1848, en las naciones de Europa central; o en 1917 para Rusia.

    De cualquier modo, y aunque la historiografía occidental ha tendido a situar la edad moderna entre los siglos XVI y XVIII, la consideración de acontecimientos puntuales de singular relieve en modo alguno son significativos sin la valoración de los procesos de cambio a nivel estructural en el devenir de las sociedades. Así, los inicios de la edad moderna difícilmente pueden ser comprensibles sin atender al despertar del mundo urbano en Occidente desde el siglo XIII, al clima de intenso debate religioso que preludia la Reforma iniciada en el siglo XVI, a los primeros síntomas de cambio en los comportamientos de la economía hacia formas precapitalistas o al proceso de conformación de los primeros estados modernos desde finales del siglo XV. Del mismo modo, el final de la edad moderna habrá de ser igualmente flexible en virtud de los procesos constitutivos de la quiebra y desintegración del Antiguo Régimen, cuya transición tendrá un ritmo y una duración variable según las diferentes realidades históricas de cada pueblo, y que grosso modo podemos dilatar desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XIX, y aún en algunos casos hasta el propio siglo XX. En consecuencia, las transiciones hacia la modernidad y hacia el fin de la misma diluyen sus límites tanto en el medievo como en la contemporaneidad.

    EDAD MEDIA

    La Edad Media, Medievo o Medioevo es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Su comienzo se sitúa convencionalmente en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América,[1] o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que tiene la ventaja de coincidir con la invención de la imprenta (Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien Años.

    Actualmente los historiadores del periodo prefieren matizar esta ruptura entre Antigüedad y Edad Media de manera que entre los siglos III y VIII se suele hablar de Antigüedad Tardía, que habría sido una gran etapa de transición en todos los ámbitos: en lo económico, para la sustitución del modo de producción esclavista por el modo de producción feudal; en lo social, para la desaparición del concepto de ciudadanía romana y la definición de los estamentos medievales, en lo político para la descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dio paso a una dispersión del poder; y en lo ideológico y cultural para la absorción y sustitución de la cultura clásica por las teocéntricas culturas cristiana o islámica (cada una en su espacio).

    Suele dividirse en dos grandes períodos: Temprana o Alta Edad Media (siglo V a siglo X, sin una clara diferenciación con la Antigüedad Tardía); y Baja Edad Media (siglo XI a siglo XV), que a su vez puede dividirse en un periodo de plenitud, la Plena Edad Media (siglo XI al siglo XIII), y los dos últimos siglos que presenciaron la Crisis de la Edad Media o del siglo XIV.

    Aunque hay algunos ejemplos de utilización previa, el concepto de Edad Media nació como la segunda edad de la división tradicional del tiempo histórico debida a Cristóbal Cellarius (Historia Medii Aevi a temporibus Constanini Magni ad Constaninopolim a Turcis captam deducta (Jena, 1688), quien la consideraba un tiempo intermedio, sin apenas valor por sí mismo, entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana de la Antigüedad clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna -en la que él se sitúa- que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. La popularización de este esquema, según historiadores medievalistas como Le Goff o Eco, ha perpetuado un preconcepto erróneo: el de considerar a la Edad Media como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular (que a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos más oscurantistas, tal como se definió por los revolucionarios que combatieron el Antiguo Régimen). Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocalípticas.

    Sin embargo, en este largo periodo de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a dinámicas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyección hacia el futuro, entre otros los que sentaron las bases del desarrollo de la posterior expansión europea, y el desarrollo de los agentes sociales que desarrollaron una sociedad estamental de base predominantemente rural pero que presenció el nacimiento de una incipiente vida urbana y una burguesía que con el tiempo desarrollarán el capitalismo.



    Lejos de ser una época inmovilista, la Edad Media, que había comenzado con migraciones de pueblos enteros, y continuado con grandes procesos repobladores (Repoblación en la Península Ibérica, Ostsiedlung en Europa Oriental) vio cómo en sus últimos siglos los antiguos caminos (muchos de ellos vías romanas decaídas) se reparaban y modernizaban con airosos puentes, y se llenaban de toda clase de viajeros